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Economía 23 de marzo de 2017

Los números de Ancap o el fin del monopolio

Mejor no pensar cuál hubiera sido la pérdida si el mercado internacional del crudo no se hubiera derrumbado y en 2015 hubiéramos tenido que pagar los precios de 2014.

Cr. Ricardo Lombardo – Montevideo – TodoElCampo – Ancap ha anunciado que divulgará los resultados del balance de la empresa correspondiente a 2016.

Se ha adelantado, con bombos y platillos, que el resultado sería de un superávit de 15 millones de dólares, luego que en 2014 se perdieron 323 millones, y en 2015, 198 millones.

Pero esos anuncios, lejos de ser un índice de recuperación, promueven la desconfianza y son indicadores de una profunda problemática que no se le expone al país como es debido.

Hagamos un simple ejercicio aritmético.

En 2014, en promedio, el precio del crudo se situó en 96,25 dólares el barril y Ancap tuvo una acentuada pérdida de 323 millones de dólares.

En 2015, los valores del crudo se derrumbaron, y, en promedio, pudo adquirirse  el petróleo a 49,51 dólares el barril. O sea que, si uno toma que el consumo aproximado de crudo por parte de nuestro país es de 16 millones de barriles al año, esto significa que en 2014 hubo que importar aproximadamente 1.500 millones de dólares y que en 2015 esa cifra cayó a 792 millones de dólares.

Más allá de que se desconozca la paramétrica que utiliza Ancap para la fijación del precio de los combustibles, parece claro que de un año al otro la empresa pública tuvo una caída de unos 750 millones en sus costos. Podría pensarse que, o bien le permitiría generar una utilidad, o bajaría sustancialmente el precio de los combustibles.

Pero nada de eso ocurrió. Las tarifas al consumidor se mantuvieron en promedio prácticamente constantes, a pesar de que hubo algunas pequeñas alteraciones a la suba o a la baja. Y en lugar de dar ganancias Ancap experimentó pérdidas por 198 millones de dólares en 2015.

Mejor no pensar cuál hubiera sido la pérdida si el mercado internacional del crudo no se hubiera derrumbado y en 2015 hubiéramos tenido que pagar los precios de 2014.

El mismo razonamiento puede hacerse para 2016. Se anuncia una pequeña ganancia. Tomando un valor promedio del crudo de 40,7, es decir aún menos que en 2015. Pero si tuviera que pagarse el petróleo a los valores de 2014, la pérdida quizás excedería los 700 millones de dólares.

Y todo ello ocurre en un contexto donde prácticamente el precio del combustible a los consumidores uruguayos se ha planchado, o incluso se han subido en enero de este año, provocando una pérdida de competitividad significativa, si uno toma en cuenta los valores en otros países.

Se ha dicho, además, que el balance incluye una deuda con la DGI, de dudosa consistencia, pues existen informes que pondrían en duda si se trata realmente de un pasivo fiscal, o una forma de disimular pérdidas. Habrá que conocer el dictamen de auditoría para extraer una conclusión definitiva.

Los números de Ancap, entonces, aunque se los quiera vestir de una visión optimista y hasta maquillar, revelan una situación de costos alarmantes. El panorama general deficitario no pudo ser revertido ni aún con un derrumbe de los precios a la mitad desde 2014.

Es evidente que aunque se hayan hecho cosas para abatir gastos y reestructurar las subsidiarias, la sociedad uruguaya tiene en Ancap un barril sin fondo que habrá que abordar de manera drástica.

De sólo pensar que con los precios del crudo de 2014 la pérdida anual podría superar los 800 o 900 millones de dólares al año, es válido preguntarse, sin ningún tipo de atavismos, si tiene sentido seguir conservando una empresa estatal que concentre el monopolio de los combustibles.

Nuestra competitividad está siendo dañada, el ingreso de los trabajadores se resiente por la vía de los impuestos necesarios para tapar los agujeros, los pasivos sufren el impacto del aumento del IASS, y los precios del combustible impactan directamente en el transporte, la producción agropecuaria, la industria y en los servicios. En definitiva en todo el país.

¿Tiene sentido mantener esta enorme burocracia, esta preciada joya que se disputan dirigentes políticos que luego acceden a la Vicepresidencia de la República o a la Intendencia de Montevideo, a costa de una inmensa carga sobre el resto de la sociedad?

¿No habrá llegado el momento de hacerla competir como se hizo con Antel y el Banco de Seguros y eso derivó en empresas públicas mucho más competitivas y eficientes?

Este tema ha sido objeto de intensas discusiones en el pasado. La pésima gestión del Frente Amplio al frente de Ancap en las últimas dos décadas, ha resuelto la controversia.

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